sábado, 24 de noviembre de 2012

En esta tarde gris.




Qué ganas de llorar en esta tarde gris,
En su repiquetear la lluvia habla de ti...
Remordimiento de saber
Que por mi culpa, nunca,
Vida, nunca te veré.
Mis ojos al cerrar te ven igual que ayer,
Temblando, al implorar de nuevo mi querer...
Y hoy es tu voz que vuelve a mí,
En esta tarde gris.

Ven, triste me decías,
Que en esta soledad
No puede más el alma mía...
Ven
Y apiádate de mi dolor,
Que estoy cansada de llorarte,
Sufrir y esperarte
Y hablar siempre a solas
Con mi corazón.
Ven,
Pues te quiero tanto,
Que si no vienes hoy
Voy a quedar ahogada en llanto...
No,
No puede ser que viva así,
Con este amor clavado en mí
Como una maldición.

No supe comprender tu desesperación
Y alegre  me alejé en alas de otro amor...
Qué solo y triste me encontré
Cuando me vi tan lejos
Y mi engaño comprobé.
Mis ojos al cerrar te ven igual que ayer,
Temblando, al implorar de nuevo mi querer...
Y hoy es tu voz que sangra en mí,
En esta tarde gris.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Liberación.



Por fin había llegado el día.

Que ella recordara, siempre lo había estado esperando. Toda la vida le habían hablado de él y le habían contado que tarde o temprano llegaría. Le habían dicho que le supondría una liberación enorme; que se colmaría de independencia. Que no desesperara. Ya no necesitaría a nada ni a nadie para dejarse ir adonde quisiera. Se podría por fin marchar del nido sin miedo a sentirse sola.

Podría alejarse y llegar al lugar más inhóspito; volar como hacía el resto de individuos de su especie. Dejarse mecer por el viento, sentir el frío a su alrededor, el calor del aire que se mueve por debajo.

Libertad.

Liberación.

El resto de sus congéneres no la entendían. No era normal que toda la vida la hubiera pasado de aquella manera. Debía dejarse llevar, dejar atrás sus miedos. Pero no era fácil y parecía que ella era la única que lo sabía. “Ellos han tenido siempre las cosas más fáciles”, pensaba ella, en un intento de justificar su miedo irracional.

No podía más. Siempre era quien se quedaba viendo como los demás se dejaban caer y volaban a merced del viento. Pero tampoco podía seguirlos. Alguien tenía que estar allí, observando a los demás, cuidando de los incautos que acababan maltrechos. O quizá era solo una excusa más y debía marcharse como ellos. No con ellos, sino como ellos. Pero a su manera.

Sabía que no era igual que los demás. Sabía que le pasaba algo que le impedía hacer lo que debía hacer, lo que le correspondía hacer por naturaleza. Y sabía que tarde o temprano debería dejar atrás sus miedos; siempre se lo habían dicho, aunque nunca directamente. Parecía que los demás sintieran miedo de decírselo claramente. Como si el hecho de decírselo la fuera a resquebrajar y a partir en mil pedazos.

Por primera vez sentía que podía hacerlo. Lo haría sola, sin necesitar la compañía ni las palabras de aliento de nadie. Sola. Para por fin sentirse libre.

Libertad.

Liberación.

Podía hacerlo, era capaz. Lo sabía perfectamente y los demás no podían ni imaginar la manera en que lo iba a hacer. De ella nunca lo hubieran esperado.

Solamente un impulso. Un impulso. Un salto limpio. Sin miedo. Ahora.

Miedo.

Angustia, terror. No podía hacerlo. Pero sabía que lo haría. Era lo que necesitaba. Toda su vida se había mantenido alejada de este sentimiento pero ya no aguantaba más. Lo iba a hacer. Su vida no tendría sentido si no lo hacía. Dejaría de estar hueca. Dejaría verse vaciar de la desesperación que la inundaba.

Llegó el momento. No había vuelta atrás.

Frío. Mucho frío. Más miedo que antes. Ligera taquicardia.

Libertad.

Liberación.

Se sentía caer. Aunque era raro, pues no parecía que cayese, era más como si rodase. Eso era, estaba rodando. Rodaba lentamente por una superficie suave y caliente.

Una mejilla.

Se entremetía por pequeños pliegues, se tropezó con la comisura de unos labios que temblaban. Sonreían, pero temblorosos.

Fue entonces cuando se fijó. Se vio reflejada en un espejo, frente a ella. Seguía bajando lentamente, la gravedad estirando de ella hacia abajo y la piel frenándola, como no dejándola ir.

Se observó colgando un instante de una barbilla, antes de caer al vacío.

Libertad.

Liberación.

El vuelo duró apenas un instante. El instante más largo de su vida. Un instante para ir a estrellarse contra un lavabo de porcelana blanca.

Un lavabo de porcelana blanca salpicado de sangre.

Liberación.

Horas más tarde Lucía se despertaba en su cama, con los ojos hinchados de tanto llorar. Sábanas manchadas, dolor de cabeza. Pero con fuerzas suficientes para ponerse en pie y reírse de la vida. Había aceptado de tal manera al dolor durante tanto tiempo que se le había agarrado en las entrañas. Pero ya estaba fuera. 

Podía dejar de tenerle miedo a volar.

Without music...



"Shadows of shadows passing. It is now 1831, and as always I am absorbed with a delicate thought. It is how poetry has indefinite sensations, to which end music is an essential. Since the comprehension of sweet sound is our most indefinite conception, music, when combined with a pleasurable idea, is poetry. Music without the idea is simply music. Without music or an intriguing idea, colour becomes pallor, man becomes carcass, home becomes catacomb, and the dead are but for a moment motionless". -- Edgar Allan Poe